Si tuviste un ACV, evalúa tu cerebro antes de volver a trabajar

Si tuviste un ACV, evalúa tu cerebro antes de volver a trabajar

Por Catalina Pérez Pefaur, Neuropsicóloga Clínica | Neuroevalúa

En Chile, miles de personas sobreviven cada año a un accidente cerebrovascular. Vuelven a caminar, a hablar, a vestirse solas. Y entonces, el sistema de salud las declara recuperadas.

Pero nadie evalúa si su cerebro todavía puede hacer el trabajo que hacían antes.

Una historia que se repite

Una mujer joven sufre un accidente cerebrovascular. La hospitalizan, la estabilizan, cumple sus controles con neurología. Le revisan las imágenes, le ajustan los medicamentos. En algún momento, alguien le dice que puede volver a trabajar.

Nadie le pregunta en qué trabaja. Nadie evalúa si su cerebro puede sostener ocho horas de atención, manejar varias tareas simultáneamente, mantener el ritmo que su empleador espera.

Ella vuelve. Intenta. Fracasa.

Dos años después, la despiden por necesidades de la empresa.

Cuando llega a evaluación neuropsicológica, los resultados muestran lo que nadie quiso ver: su cerebro procesa información en el percentil 2. El 98% de las personas de su misma edad lo hace más rápido que ella.

Y así la mandaron a trabajar.

Esto no es la excepción. Es la norma.

El alta neurológica post accidente cerebrovascular en Chile se centra en lo visible: que no haya parálisis, que el lenguaje sea funcional, que la persona pueda desplazarse de forma independiente. Son criterios importantes. Pero el cerebro no es solo movimiento y lenguaje.

El cerebro es atención sostenida. Es memoria de trabajo. Es velocidad de procesamiento. Es capacidad de planificar, de inhibir impulsos, de hacer varias cosas al mismo tiempo. Y ninguna de esas funciones se evalúa con un escáner ni con un examen de quince minutos en el pasillo de una consulta.

La evaluación neuropsicológica es la única herramienta clínica que permite conocer con precisión cómo quedó funcionando el cerebro después de un daño. Sin ella, se toman decisiones de reintegración laboral basadas en supuestos, no en datos.

El costo invisible del vacío diagnóstico

Cuando una persona con secuelas cognitivas no documentadas vuelve al trabajo, el escenario que sigue es predecible. El empleador observa a alguien que no rinde al ritmo esperado. La persona misma no comprende qué le ocurre: por qué todo le cuesta más que antes, por qué se cansa tan rápido, por qué comete errores que antes no cometía. Con frecuencia concluye que es ella quien falla, que no se esfuerza lo suficiente, que algo está mal en ella como persona. Nadie le explicó que su cerebro cambió.

Nadie conecta los puntos.

La legislación chilena contempla protecciones frente al despido por discapacidad. Pero esa protección requiere documentación que certifique las limitaciones funcionales. Si el sistema de salud nunca evaluó las secuelas cognitivas, esa documentación sencillamente no existe. El empleador puede alegar que no tenía información. Y técnicamente, tiene razón.

El resultado es un despido que aparece en los papeles como necesidades de la empresa, y que en realidad encubre una lesión cerebral que nunca fue debidamente evaluada.

Lo que debería ocurrir

La propuesta es simple: toda persona que sufre un accidente cerebrovascular en edad laboral debería recibir evaluación neuropsicológica antes del alta, no como trámite administrativo, sino como parte integral del proceso de recuperación. No después de que la despidan. Antes de que vuelva a trabajar.

En varios países esto es protocolo establecido. En Chile, sigue siendo la excepción.

La evaluación neuropsicológica permite determinar qué funciones cognitivas resultaron afectadas y en qué grado, orientar la rehabilitación hacia las áreas que más lo necesitan, establecer si la persona está en condiciones de reintegrarse laboralmente y bajo qué modalidad, y generar la documentación que protege sus derechos en caso de que las secuelas sean significativas.

Un derecho, no un lujo

Mientras la evaluación neuropsicológica se trate como un recurso opcional en lugar de un componente necesario del proceso post accidente cerebrovascular, el sistema seguirá enviando a personas con lesiones cerebrales a fracasar en silencio.

Y ese silencio tiene nombre: necesidades de la empresa.

Si usted o alguien cercano sufrió un accidente cerebrovascular y está próximo a reintegrarse al mundo laboral, la evaluación neuropsicológica puede hacer la diferencia entre una reintegración exitosa y una situación que se deteriora sin que nadie entienda por qué.

En Neuroevalúa realizamos evaluaciones neuropsicológicas completas para adultos con antecedentes de daño cerebral adquirido, incluyendo accidente cerebrovascular. Si tiene preguntas sobre el proceso o desea coordinar una evaluación, puede contactarnos directamente.

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